La villa de Berlanga de Duero destaca por su impresionante conjunto monumental...

El conjunto monumental del castillo de Berlanga está formado por varios monumentos situados en el cerro. En la parte más baja se encuentra el palacio renacentista del siglo XVI del que sólo queda su fachada; a medida que ascendemos nos encontramos con los restos de una antigua iglesia románica, la iglesia de San Juan y, en lo alto, una necrópolis medieval y un acueducto; presidiendo el cerro se encuentra la impresionante fortaleza artillera rodeando al antiguo castillo medieval; y finalmente, rodeando todo el conjunto, la muralla medieval de los siglos XI y XII.

 

El palacio del Condestable de Castilla

En la Plaza del Mercado, a los pies del cerro del castillo, podemos contemplar la fachada del palacio renacentista de los señores de Berlanga. Único vestigio que queda en pie, ya que fue incendiado durante la Guerra de Independencia por las tropas napoleónicas, de lo que seguramente fue un majestuoso edificio.

El palacio conserva una monumental y sobria fachada, sin apenas elementos decorativos, realizada en piedra de sillería y distribuida en tres plantas, con un último piso formado por una galería alta.

Juan de Tovar, señor de Berlanga desde 1528, fue el promotor de las obras de este palacio. Sus padres María e Íñigo ya habían comenzado la construcción de un palacio junto a la colegiata, pero esta obra quedó inconclusa tras su muerte y Juan decidió construir el edificio palaciego en un lugar más destacado y espacioso desde el que se pudiera contemplar su esplendor.

Su distribución en tres plantas con una galería superior era muy característica de la arquitectura palaciega y de las villas ducales del siglo XVI. Sobre el arco adintelado de la portada principal encontramos un panel con el escudo de armas de los Tovar y de los Enríquez, correspondiente a Juan de Tovar y su mujer Juana Enríquez,  junto con la leyenda “SAPIENTIA AEDIFICABITUR DOMUS, ET PRUDENTIA ROBORABITUR”, respondiendo al característico programa de exaltación del linaje promotor de la obra.

Gracias a diferentes estudios sabemos que contaba con un gran pretil delante de la fachada desde donde se accedía por la puerta principal a un amplio zaguán, antesala de un patio central de columnas. Este patio, eje desde donde se distribuía todo el palacio, contaba con dos alturas con una galería inferior tenía columnas de piedra con arcos de medio punto y una superior zapatas y dinteles de piedra. El acceso al piso principal por el patio se hacía a través de una escalera monumental situada en un lateral del mismo. El piso principal albergaba las estancias más destacadas del palacio, como los salones o dormitorios. Desde este piso se podía acceder a los magníficos jardines situados a levante del palacio, distribuidos en cinco alturas, adornados con fuentes y estatuas y regados por una ingeniosa noria

Se puede acceder a la única torre del palacio que queda en pie, donde actualmente se encuentra la oficina de turismo y una exposición sobre la historia del palacio y de la villa.

 

El castillo

Al acercarnos a Berlanga de Duero lo primero que visualizamos es su imponente castillo, situado en lo alto de un cerro rodeado por unas impresionantes murallas.

Se trata de un complejo edificio formado por dos recintos fortificados de diferentes etapas históricas y constructivas, uno de época medieval y el otro de época renacentista

El origen del castillo medieval de Berlanga no está claro, pero las últimas excavaciones arqueológicas nos permiten situarlo en torno a los siglos X-XI como una fortaleza islámica de la que apenas quedan restos visibles y que jugó un importante papel en la frontera con los reinos cristianos. En 1059 Fernando I de Castilla, en una rápida campaña militar en el Alto Duero, consiguió tomar Berlanga, lo que propició  que se llevaran a cabo las primeras obras para la reparación y reforma del castillo.

En 1370 Berlanga, que hasta el momento había sido una villa de realengo, pasó a manos de la familia Tovar. Juan Fernández de Tovar, primer señor de Berlanga de este linaje y Almirante de Castilla fue quien llevó a cabo nuevas modificaciones en el castillo, aunque no se sabe con exactitud qué partes fueron intervenidas.

Avanzado el siglo XV Luis de Tovar, junto con su esposa Isabel de Guzmán, promovieron las últimas grandes reformas en el castillo medieval. Principalmente afectaron a la zona palaciega y a la torre del homenaje, en la que colocaron ocho escudos de armas correspondientes a los linajes de sus ancestros.

Tras la muerte de Luis de Tovar, su única hija María de Tovar heredó todo el mayorazgo de los Tovar. Con ella tuvieron lugar los grandes cambios que transformaron toda la villa de Berlanga, incluido el castillo al que dio la apariencia que hoy en día tiene. En 1521-1522 María de Tovar e Íñigo Fernández de Velasco iniciaron la construcción de una nueva fortaleza alrededor del antiguo castillo medieval -que tenían planeado demoler-, que fuera capaz de resistir el envite de la artillería de fuego. Para ello contaron con los ingenieros y maestros de obras más experimentados del reino de Castilla, como el maestro de obras Lope de Isturizaga.

El nuevo Marqués de Berlanga, Juan de Tovar, decidió paralizar las obras de la nueva fortaleza artillera que sus padres habían comenzado años antes conservándose el antiguo castillo medieval, rodeado ahora por la nueva fortaleza artillera inconclusa. Durante todo el siglo XVI y XVII la fortaleza fue perdiendo sus funciones militares y asumiendo otras como las de prisión, archivo o arsenal. Desde finales del siglo XVII comenzó su declive por los continuos saqueos sufridos por las gentes de la villa y por el desmantelamiento de sus estructuras llevado a cabo por los propios Marqueses de Berlanga. Este declive fue agravado tras el incendio que se produjo en el castillo el 20 de abril de 1660, hasta el punto que a finales del siglo XVIII el edificio solo conservaba sus muros. A comienzos del siglo XXI el Ayuntamiento de Berlanga de Duero adquirió todo el conjunto monumental del castillo, murallas, palacio y jardines, iniciándose así la consolidación, restauración y puesta en valor de este magnífico monumento.

 

La muralla medieval

Rodeando el cerro del castillo encontramos una impresionante muralla, fechada entre los siglos XI y XII, momento en que Berlanga fue creciendo por la llegada de nuevos pobladores y se erigió como cabeza de una Comunidad de Villa y Tierra.

Dentro de esta cerca se encontraba el primitivo asentamiento medieval o villa vieja, que con el paso de los siglos se fue desocupando poco a poco hasta que solo quedaron unos pocos habitantes a mediados del siglo XV, ya que la población se fue estableciendo en la llanura a los  pies del  cerro.

Con la llegada de nuevos pobladores Berlanga se erigió como cabeza de una Comunidad de Villa y Tierra y se convirtió en el lugar de mayor relevancia del entorno, gracias a ello fue dotado de elementos defensivos como esta muralla, denominada la Cerca Vieja, realizada en piedra de mampostería y reforzada con cubos o torrecillas semielípticas.

Dentro de esta cerca se encontraba el primitivo asentamiento medieval o villa vieja, que con el paso de los siglos se fue desocupando poco a poco hasta que solo quedaron unos pocos habitantes a mediados del siglo XV, ya que la población se fue estableciendo en la llanura a los  pies del  cerro.

Una segunda muralla, la  Cerca Nueva, de mayor extensión y de la que apenas quedan restos, se encargó de rodear la zona habitada extramuros a la que se había ido desplazando la población. El  acceso a la villa fue regulado por cuatro puertas —la puerta de Aguilera, de la Hoz, de San Gil y de San Pedro—  además de un postigo. Los escasos restos conservados confirman que fue realizada con un tapial de tierra enfoscada con un grueso enlucido en cal y asentada sobre un zócalo de piedra de mampostería. De las puertas de las murallas solo se conserva la de Aguilera, llamada así por ser el camino que llevaba a esta localidad cercana a Berlanga. Está realizada en piedra de sillería y presenta dos partes bien diferenciadas, la inferior con un arco ojival está fechada en el siglo XIV, y la parte superior, reformada en el siglo XVI, que está almenada y presenta un escudo picado, enmarcado por unas pilastras que sostienen una concha que, según algunas versiones, relacionarían a la villa con el Camino de Santiago.

 

Necrópolis en roca y acueducto

En la parte superior del cerro del castillo, a la derecha del edificio, se conserva una curiosa necrópolis medieval donde se pueden ver varias sepulturas excavadas en la roca. Junto a esta, y de una época bastante posterior, se conservan los restos de un acueducto realizado en piedra caliza y ladrillo.

En la parte superior del cerro del castillo, a la derecha del edificio, se conserva una curiosa necrópolis medieval donde se pueden ver varias sepulturas, de diferentes formas y tamaños, excavadas en la roca. Al carecer de un contexto arqueológico es difícil precisar su cronología, no obstante, es posible que este cementerio tuviera un uso continuado en el tiempo desde el siglo XI y estuviese vinculado a la antigua iglesia de San Esteban, derruida en 1526 para construir la colegiata de Santa María del Mercado.

 

Junto a la necrópolis, y de una época bastante posterior, se conservan los restos de un acueducto realizado en piedra caliza y ladrillo. Este acueducto es un ingenio hidráulico que intentó elevar el agua desde el cauce del río Escalote hasta la parte superior del cerro. Su construcción fue encargada a un ingeniero italiano por el Condestable Juan Fernández de Velasco y Tovar para regar los jardines del palacio.

 

Antigua iglesia de San Juan

Tras la conquista castellana de Berlanga, la villa comenzó a repoblarse con gentes del norte peninsular, así la villa de Berlanga fue creciendo y estructurándose en torno a diez iglesias que se fueron erigiendo en diferentes momentos hasta comienzos del siglo XIV: Santa María del Mercado, Santo Tomé, San Gil, San Andrés, San Miguel, San Nicolás, San Pedro, San Facundo, San Esteban y San Juan.

En la actualidad ninguna de estas iglesias se conserva de forma íntegra ya que fueron derribadas en 1526 por los señores de Berlanga con el objetivo de construir un único edificio, la Colegiata, que tuviera un tamaño suficiente para toda la población y estuviese localizado en el centro de la villa.

A día de hoy tan solo se pueden ver in situ restos arquitectónicos de cuatro de estas iglesias. El más destacable es el caso de la iglesia de San Juan, situada en el cerro del castillo, de la que se conserva un ábside de mampostería y un arco de medio punto de sillería ligeramente apuntado. Asimismo, el convento de las monjas concepcionistas de Berlanga fue el lugar elegido para reubicar el tímpano de la iglesia de San Miguel, el cual está colocado sobre la puerta principal de la iglesia.

En el Centro San Baudelio se puede visitar una exposición sobre el románico en Berlanga, con paneles informativos y algunas de las piezas de piedra, como dovelas, estelas, cimacios o capiteles pertenecientes a las antiguas iglesias medievales de la villa. Todas estas piedras fueron halladas en algunas casas y en la colegiata de Berlanga al hacer obras de reforma, ya que tras el derribo de las iglesias la mayor parte de sus piedras fueron reutilizadas en otras construcciones de la villa.